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QUE DIOS NOS PERDONE

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La realidad también tiene sus narrativas, sus historias. Hace siglos, cuando el mundo de una persona solía circunscribirse a unos pocos kilómetros a la redonda, esa persona construía el mundo desconocido a través de las historias ocasionales de viajeros y mercaderes. Ahora, las historias nos llegan por múltiples medios, pero no son siempre variadas. Siempre hay una narrativa que se impone, porque resulta cómoda, porque se ajusta a nuestro estado de ánimo, porque es sencilla de entender… En España, tras años en los que la narrativa predominante ha sido la del milagro económico, la de la transición impecable, vivimos ahora inmersos en la que yo llamo “la narrativa de la vergüenza”. Años de crisis económica y política, de comparaciones con los países nórdicos, de hablar de “país de charanga y pandereta” nos han llevado a interiorizar un discurso que pocos se atreven a verbalizar, pero se siente, entre líneas, en casi todo lo que se escribe y lo que se habla: España no tiene remedio.

Que Dios nos perdone, segunda película en solitario de Rodrigo Sorogoyen, sigue a dos policías de carácter brutal mientras persiguen a un asesino en serie que se pasea impunemente por Madrid violando y matando ancianas en los días de la visita papal del 2011. Es un thriller de ritmo impecable y atmósfera turbia, ambientado en un Madrid mugriento y amoral, poblado de personajes a los que no les importa lo que sucede a su alrededor, solo seguir tirando. Personajes que solo conocen la violencia y la brutalidad como lenguaje, emocionalmente tarados, que viven en una ciudad acorde a ellos. Es uno de esos thrillers a lo que se cataloga como secos, duros, de los que se dice que no hacen concesiones.

Es cierto. Que Dios nos perdone no se lo pone fácil al espectador, le enfrenta con el mundo oculto que no quiere ver sin darle asideros emocionales o morales. Podríamos aceptar esas frases hechas y dejarlo correr, pero nos estaríamos quedando en la superficie. ¿Que ha llevado a Sorogoyen a crear esta película?

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Uno de los referentes más evidentes de Que Dios nos perdone es el reciente thriller coreano. Sin ir más lejos, su película es casi un remake en tono castizo de la brillante Memories of Murder. Los dos personajes antagónicos formando equipo para cazar a un asesino en serie, la irresponsabilidad policial, el descubrimiento de que perseguidor y perseguido no son tan diferentes, el trabajo en paralelo con sucesos históricos, el final dilatado en el tiempo… Son películas muy similares. En la superficie. 

La superficie, en el caso de Que Dios nos perdone, es la mugre. La suciedad literal, la cutrez intelectual y la podredumbre moral están en todas partes, allí donde mires, en este Madrid del siglo XXI, nos dicen Sorogoyen e Isabel Peña, su coguionista. Los hombres son orangutanes sin capacidad emocional que solo conocen el lenguaje de la brutalidad, las mujeres son víctimas o castradoras. Es una visión que ahora, en retrospectiva, resulta cercana a la que ya presentaba en su anterior largometraje, la más interesante Stockholmaquí mucho menos matizada porque se nos muestra una panorámica en vez de un detalle. 

El mundo es un lugar horrible, parece decir Sorogoyen, pero los personajes que lo habitan son aún peores. Cuando, al final de la película, conocemos el trauma que ha convertido a uno de los personajes en lo que es, apenas resulta ya relevante. Las razones por la que el asesino es como es se nos escamotean, y los demás personajes no tienen razones que sustenten su barbarie. Son como son porque no tienen otra opción, como si siempre hubieran sido así y no pudieran cambiar.

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Otro referente parece ser Seven, de la que coge esa visión casi apocalíptica de la ciudad, pero olvidando los aspectos que la hacían funcionar. Seven es una película notablemente estilizada, en la que la forma te recuerda que lo que se está mostrando no es la realidad, sino una hipérbole de la realidad. Que Dios nos perdone tiene una aproximación visual mucho más naturalista, como si lo que mostrase fuera la realidad que nos rodea, y se afana en destruir cualquier espacio de humanidad, de calor, para, una vez más, “no dar concesiones”. 

¿Para qué contamos historias? Hay muchas razones, pero una de las principales es la comprensión. A través de la narración somos capaces de entender aquello que nos resulta ajeno, otras vidas, otros mundos, y vemos lo mucho que tenemos en común. En Que Dios nos perdone no hay nada que entender porque no hay personas, solo mugre. Capas y capas de mugre, amontonadas unas encima de otras, que no construyen un discurso, solo una pose. La del director joven español que cree que “sin concesiones” es lo mismo que “sin matices”, que nos muestra un mundo horrible porque es mucho más cool y más fácil que hablar de un mundo poliédrico, que insiste en esa narrativa de la vergüenza. Que Dios nos perdone no es un análisis ni una crítica de nuestra sociedad, solo una pataleta furiosa y adolescente, uno de esos comentarios de barra de bar que nadie contradice porque es más cómodo asentir que responder de forma mesurada a algo que, de base, no conduce a ningún sitio. Si algo no tiene remedio, ¿por qué hacer una película?

Pablo López


QUE DIOS NOS PERDONE (España, 2016)

Director: Rodrigo Sorogoyen/ Guion: Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña/ Montaje: Fernando Franco y Alberto del Campo/ Director de fotografía: Álex de Pablo/ Dirección de arte: Miguel Ángel Rebollo/ Música: Olivier Arson/ Producción: Gerardo Herrero, Mercedes Gamero y Mikel Lejarza/ Reparto: Antonio de la Torre, Roberto Álamo, Javier Pereira…

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2 comentarios el “QUE DIOS NOS PERDONE

  1. Jaime Nos
    14/11/2016

    “Que Dios nos perdone” es una de las pocas peliculas que me han hecho cambiar de fila (la tercera) a una de las ultimas filas del cine.
    Necesitaba una distancia fisica de las imagenes de la pelicula, de la mugre que tu describes en tu critica.
    Estuve durante toda la pelicula conteniendo el vómito.
    Estoy de acuerdo con tu opinion: “Que Dios nos perdone” muestra de forma cruda y poco elaborada (es decir, puramente sensorial y fisica) la mugre de una realidad y unos personajes mugrientos.
    Y quizas la unica fuerza de esas imagenes elementales y sin matizar es la de provocar una reaccion corporal primitva en el espectador: el vómito.

    • elarchaeon
      19/11/2016

      Gracias por el comentario, Jaime. A la amiga con la que fui a ver la película le pasó algo similar, es una película muy agresiva con el espectador, y me parece que no da nada a cambio.

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Esta entrada fue publicada en 14/11/2016 por en Cine y etiquetada con , , , .

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